Tag: balneario de cestona

Cualquier tiempo pasado fue… más lento.

Posted by on 10 Diciembre 2013

Aunque ahora lo llamaríamos “slow”.

Escribía Manrique eso de que nuestras vidas son los ríos, que van a dar en la mar, que es el morir. Pues yo te digo que si, desde Zumaya, junto al Mar Cantábrico, surcas el río Urola a contracorriente, vas hacia atrás en el tiempo.

El otro día nos despistamos y aparecimos cien años atrás.

En el centro de Azpeitia hay un agujero espacio temporal, se llama Museo Vasco del Ferrocarril. Trolebuses, tranvías, autobuses urbanos… y un taller de los años 20 con maquinaria original en pleno funcionamiento. Todo en perfecto estado de revista.

La estrella es el conocido como “Tren del Urola”, primer ferrocarril de tracción eléctrica español, fue inaugurado por Alfonso XIII en 1926 y estuvo en funcionamiento hasta 1986 con prácticamente el mismo material rodante.

Entrar en el Museo es volver a los billetes de cartón, a los asientos de madera, al chucuchú del tren, es escuchar historias en boca de una guía con, maravillosa, vocación de cuentacuentos. Y hacer el recorrido con una vieja máquina de vapor tirando de los restaurados vagones es esperar que vadeando el Urola aparezca la banda de Jesse James para despojarnos de carteras y relojes. Es mancharse de hollín y que no te importe.

tren museoa airetik 1280×720 from BEM FUNDAZIOA on Vimeo.

.

Es recorrer la historia de España a través de los uniformes de sus ferroviarios, que van de lo marcial a lo hortera pasando por lo sin chicha ni limoná.

Pero es a mitad del antiguo trayecto donde las vías del tren y el curso del Urola confluían en un edificio grande, grande incluso en el nombre, Gran Hotel Balneario de Cestona, entonces sí que sabían bautizar las cosas. Con su propia estación, con sus tiendas, el Balneario era lo que ahora conocemos como un “must” entre la gente bien de la época.

Hoy, traspasar sus puertas con la luz casi inexistente de un atardecer de diciembre es sentir que no se han ido del todo, que junto a los baños dejaron parte de su alma girando por el gran salón al ritmo de lo que ellos comenzaron como un vals y que terminaría, siglo después, Diego Vasallo, al que Iker Treviño no pudo encontrar mejor alojamiento.

Los golpes duelen
la vida mata
el tiempo cura
los días pasan.

Y al comenzar
esta partida
ya llevo un alma
a la deriva.

Canciones de cuna para adultos
atravesadas por los años
que llevan en su oscura melodía
tatuada la flor del desengaño.

Y están las sombras
y está el olvido
y este infinito
tiempo perdido

y está el amor
y están los besos
y un mundanal dolor de huesos.

El viento insiste como siempre
en recordarme los sonidos
del terco latido de las cosas
de mundos aún desconocidos.

La pena hiere
la vida mata
con sueños rotos
y balas de plata.

Septiembre llega
como si nada
y se disuelve
en tu mirada.

Vividores sin vida enamorados
de la pálida luz de las estrellas
esparcen poemas en la noche
intentando borrar después sus huellas

En esta tarde de diciembre de 2013 la “belle epoque” viste del Imserso y en el aire se percibe cierto olor a garbanzos, cosas del paquete alojamiento-baños-pensión completa, supongo. Quién se lo iba a decir a Don Manuel Azaña, al torero Guerrita, a Don José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, alias Azorín o a Don Pio Baroja, que, si lo piensas bien, ya gastaba cierto aire Imsersiano.

Tal vez este post tenga cierto aire de nostalgia que, como tan bien contaba Don Draper, no deja de ser una enfermedad del alma. Pero es lo que tienen los viajes en el tiempo, que no siempre te toca como compañero de asiento Marty McFly.