Todos nos acordamos de dónde estábamos el 11S. Y los que tenemos algunos añitos más nos acordamos también de dónde estábamos el 23F. Yo me acuerdo al menos. Me acuerdo de que llovía. Detalle aparentemente tonto, sobre todo porque hace veintiocho años el “sirimiri” era habitual en un Bilbao gris donde el Guggenheim apenas era un Museo de Nueva York.
